No hay planta con más creencias y rituales que la mandrágora. Por la semejanza de la dividida raíz de la mandrágora con la forma humana -su nombre, en griego, significa "raíz humana"-, se le atribuían poderes humanos y sobrehumanos. Los dorados frutos de esta planta eran las manzanas del amor de Afrodita, de manera que uno de los epítetos aplicados a la diosa era Mandragoritis, "la de la mandrágora".
El hábitat natural de la mandrágora es la zona del Mediterráneo, donde no es raro encontrarla durante los meses de mayo y abril. Crece en lugares secos y soleados, a menudo al borde de los caminos y en viejos templos.
La mandrágora , rica en alcaloides (mandragorina, hiosciamina y escopolamina)-no en vano se la conoce como "la reina de las hierbas mágicas"- pertenece a la familia de las solanáceas y era una de las hierbas más famosas en la Antigüedad y en la Edad Media. La Biblia ya la menciona en el Cantar de los Cantares, donde se la llama "manzana del amor":
...y allí te daré mis amores.
Ya dan su aroma las mandrágoras...
(Cantar de los Cantares 7, 13-14)
Los frutos, de color dorado amarillento y aroma parecido al del tomate (otra solanácea) producen un efecto muy acorde con el espíritu de Afrodita: un deseo tan embriagador como irresistible. El olor de las hojas recuerdan algo al del tabaco. Cuando los frutos maduran, las hojas se secan, y luego el único rastro que queda de la planta es la raíz, carnosa y de un metro de longitud, que sigue viva y volverá a producir hojas y frutos al año siguiente.
En la Antigüedad, se maceraba en vino y era muy apreciada para elaborar filtros de amor. En Chipre, la isla de Afrodita, la mandrágora es conocida desde la noche de los tiempos y recomendada como remedio para la esterilidad femenina.
En la Europa preindustrial, se arrancaba esta planta durante el solsticio de verano, antes de la salida del sol y en el último cuarto de la luna. La planta prosperaba bajo los patíbulos y no era fácil de coger. Para mantenerla tranquila había que verter encima de ella orina o sangre. Los que se atrevían a recolectarla se tapaban los oídos para no quedarse sordos y para protegerse de la locura causada por los gritos mortales que la planta emitía al verse molestada. Estas historias las contaban los propios recolectores con el fin de mantener el alto precio de las raíces: en 1690 una raíz llegó a costar el sueldo anual de un artesano de tipo medio.

También continuó su uso para la magia amorosa, e incluso para propiciar una decisión judicial favorable. Las muñecas de raíz de mandrágora tenían la supuesta propiedad de hacer invisible a su dueño e incluso revelaban tesoros ocultos, aunque éstos sólo causaban desgracias, acabando con el dueño de la muñeca en el mismo patíbulo bajo el cual se había recolectado la planta.
Por contener mandragorina, hiosciamina y otros alcaloides alucinógenos, la mandrágora fue un poderoso ingrediente utilizado en los ungüentos que se aplicaban las brujas en el cuerpo para poder volar.
Como medicina se usaba para tratar artritis, úlceras, quemaduras; para inducir la menstruación, la concepción humana y los buenos embarazos; además también se prescribía como un antidoto para las mordeduras de serpiente, y, por último, se administraba como inductor del sueño.
Los frutos se pueden comer a partir de mayo, cuando alcanzan la madurez, y a pesar de la creencia común, no son venenosos. La raíz seca se macera en vino de Retsina (en una proporción de unos 23 gramos por cada 700 mililitros, aunque la dosis varia algo según la persona). En cantidades mayores pueden provocar alucinaciones.